Lo que aprendí

Lo que aprendí de no tener un plato caliente sobre la mesa cada vez que lo deseaba fue que solo necesitaba comer para subsistir.

Lo que aprendí de recorrer kilómetros y kilómetros con tan solo una mochila al hombro, es que si ibas detrás de tus sueños, no necesitabas ninguno de los lujos que el sistema te vendía como esenciales.

El hambre, no era más que aquel fiel compañero que me empujaba a seguir. Un maltrecho y húmedo colchón, en una casa hecha de poco más que un muro de tochos con cubiertas de pladur, un cobijo que sabía a las noches de invierno en casa arropado por mi edredón.

La felicidad, ya no depende de adquisiciones materiales, sino de tus pasos vitales y es por eso que no he dejado de viajar.

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